Fuerzas-Gi-Nyu

Debo admitirlo, mi papá tenía razón, tras tanto tiempo como un adulto responsable llega el momento en que sucede lo que nunca creíste que sería posible, extrañar la escuela, pero créeme, sucede.

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Si aún eres estudiante no me sorprendería si piensas que esto a ti no te va a pasar, no es un misterio que la escuela es una molestia cuando estamos en ella pero conforme pasa el tiempo y debes enfrentarte a jefes y clientes te das cuenta que los maestros realmente no eran tan desagradables y que una baja calificación no importaba tanto.

Todos tenemos distintos recuerdos de nuestras épocas como estudiantes y es probable que cada quien le tenga nostalgia a una época diferente, personalmente la primaria, secundaria, preparatoria y mi época de universitario en psicología, si bien les tengo alguna nostalgia, no es tan fuerte como para escribir de eso, mi verdadera nostalgia está en algo que odié cuando lo empecé, mi época como estudiante de Diseño Gráfico en Saltillo.

Escuela de Artes Plásticas Profesor Rubén Herrera

Con ustedes: El equipo profesional de Ñoños

Yo soy regiomontando pero en el 2001 por terquedad de mi papá terminamos cambiándonos de ciudad hacia Saltillo, sin ninguna razón real, simplemente quiso un cambio, así no sólo la ciudad era diferente sino que debía empezar todo de nuevo, nuevos amigos (Luis se quedaba en Mty) y nueva carrera pues no me revalidaban muchas materias si entraba a psicología, y como de todos modos me gustaba dibujar y quería hacer videojuegos y caricaturas pues decidí buscar nuevops horizontes y entrar a Diseño Gráfico.

La carrera de diseño en Saltillo era una situación extraña para un foráneo como yo, por comentarios de otras personas nos decían que entrar era muy difícil pues sólo había 30 lugares por año en la UAC, yo previamente había cursado exámenes de admisión para la UAC pues la necedad de mi papá por cambiarnos a Saltillo venía de tiempo atrás y todos los había pasado, para diseño era mi tercero y no estudié, no me interesaba si pasaba o no pues estaba molesto, total que tomé el examen y lo pasé sin problemas, no recuerdo en qué lugar, quizá el 18 o algo por el estilo, pero eso en un examen que no estudié lo tomé como una señal y decidí entrar a diseño, total, probar un año no era tan malo.

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Situaciones como esta eran comunes en mi escuela

Las cosas en diseño no iniciaron del todo bien, la escuela no se encontraba en las instalaciones normales de la UAC (muy bonitas por cierto) sino que estaba ubicada en el centro de Saltillo, en una casona vieja, artística pero vieja, y no sólo estaba diseño ahí sino que compartía el espacio con Artes Plásticas.

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El edificio donde se encontraba mi escuela es ahora un museo, la escuela fue movida una cuadra.

Estando ubicada más lejos y en un edificio no muy agradable mi primera impresión no fue nada buena, por si fuera poco las clases no serían sólo en la mañana sino que martes y jueves había que volver en la tarde a tomar 2 o 4 horas de clases, además de algo que yo nunca había experimentado, por tradición en Diseño Gráfico se hacía novatada al grupo de nuevo ingreso y déjame decirte que fueron particularmente crueles con mi grupo (tanto que se canceló la novatada 2 años después). Las cosas entre esa carrera y yo no empezaron bien.

Considera el hecho de estar en una ciudad que no querías y en una escuela que iniciaba literalmente golpeándote y llenándote de agua podrida y vísceras de pescado y entenderás que mi actitud era más retraída de lo normal (y soy nerd,  así que soy retraído por naturaleza) por lo que las primeras semanas no le hablaba a nadie lo que me hizo ganarme el apodo de “El Mudo”. Insisto, las cosas no iniciaron bien, eso hasta que un grupo de ñoños de mi clase empezó a jugar futbol en el patio de la escuela, un patio que, por cierto, tenía una enorme fuente en medio así que era futbol extremo, y siendo ñoños uno de ellos me preguntó que si quería jugar, yo no jugaba futbol pero decidí que era hora de relacionarme con más gente y acepté y déjame decirte que no dejé de hacerlo por todos los 4 años que estuve en esa escuela.

Era diseño por lo que había muchos ñoños, estos en particular también querían hacer manga, videojuegos o algo en que pudieran dibujar, eran 7 y contándome 8 y sólo se la pasaban jugando futbol con una pelota de tenis o una pelota de plástico pues no era zona abierta para jugar en serio. Me les uní como al mes de iniciar la carrera y empezamos a platicar de nuestros proyectos y razones para estudiar diseño, la mayoría relacionados al dibujo, entré plática y plática y mostrarnos mutuamente nuestros dibujos comenzábamos a entrar más en confianza entre nosotros así que decidimos hacer un club de dibujo los viernes en la mañana, que teníamos libre durante el primer semestre, además de nosotros 8 había una chava que se me acercó porque también quería dibujar (y de la que uno del grupo estaba locamente enamorado) y le dijimos de juntarnos los viernes en la mañana, cosa que de verdad intentamos pero estar los viernes con la mañana libre y ver el patio abierto para nosotros era una tentación irresistible así que en vez de dibujar nos poníamos a jugar futbol dejando a la chava sola (y el amigo que la quería frustrado por no haberse quedado con ella).

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Pero las cosas estaban en marcha, tenía 7 amigos, jugábamos mucho futbol y me divertía mucho platicando, bromeando y dibujando, además claro que obsesionado con una compañera llamada Mayra que nunca me peló. Las cosas eran hasta eso, buenas, pero una cosa era jugar futbol y otra cosa era la escuela en sí…

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Aquí está Mayra

El primer semestre fue un poco difícil, había hecho amigos pero mi atención seguía dispersa, entre bromas, estar admirando a Mayra a la distancia y el hecho de iniciar una vida totalmente nueva, mis calificaciones no eran las mejores, tuve problemas con la materia Historia del Arte, la cual pasé con gran esfuerzo sacando buenas calificaciones en el examen final y compensando así las bajas que había sacado durante el semestre, además de irme a examen extraordinario en la materia Técnicas de los Materiales (cosa que no me pasó en Psicología), llegué incluso a pensar en dejar la carrera y volver a psicología, pero por primera vez en mi vida me la estaba pasando bien en la escuela así que me quedé.

Los siguientes semestres fueron mejorando en todos los aspectos, mis calificaciones subieron poco a poco, jugaba aún más futbol y me la pasaba divirtiéndome con los diversos proyectos que la escuela nos ponía a hacer en grupos. Los primeros semestres teníamos la clase de Fotografía y nos pusieron a hacer una historia contada con diapositivas y decidí que haríamos una de zombies en una casa abandonada al lado de la casa de un amigo, le metimos muchas ganas y efectos especiales pero las fotos se velaron… En otra ocasión en esa misma clase nos pidieron hacer otra historia pero en foto normal y así nació Las Espadas que puedes ver aquí.

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Grandes efectos especiales para el cortometraje que nunca pudo ser

Claro que hubo más cosas que la clase de Fotografía, teníamos que hacer camisas en Serigrafía, murales (hice uno muy padre de Siqueiros que arruiné por usar pintura blanca de aceite), un cuento infantil (que ya leíste, es El Perro Fantasma, íntegro aquí), una revista la cual llamamos Daidouji y era un fanzinne de videojuegos y anime, páginas web, un videojuego en flash, la grandiosa película La Mano de Yeso (que puedes ver aquí) que sacó la calificación más baja de la clase debido a su baja calidad audiovisual pero fue la única que causó impacto en el salón (se rieron bastante) y varios otros proyectos menores pero que también eran divertidísimos de hacer.

Mis calificaciones también fueron mejorando gradualmente y, aunque en un inicio tuve mis problemas y me llevé una materia a extraordinario, los últimos 2 o 3 semestres logré tener promedio de 9, de algún modo logré encontrar el balance entre divertirme jugando futbol, albureando a mis amigos y estudiar, todo iba bien salvo que Mayra seguía sin saber de mi existencia (y estábamos en el mismo salón).

No todo era el deporte y los proyectos escolares, como dije la escuela se encontraba en el centro de Saltillo y eso significaba que teníamos muchos lugares por visitar. Los descansos los pasábamos en la Plaza de Armas (a una cuadra de la escuela) donde hay un Oxxo en que gastábamos nuestro dinero en Coca Vainilla y los nuevos Voilá de Gamesa, paseábamos por las calles del centro de Saltillo buscando nuestras revistas y mangas mensuales (así fue que conocí a mi amada EGM en español), íbamos a jugar billar, ping pong y videojuegos a un local de arcadias cercano y cambiábamos juegos de PS2 usados en un local de videojuegos en que, estúpidamente, casi regalé varios juegos retro, algunos con caja (incluido un TMNT 3 cib) que aún trato de recuperar.

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Los ñoños se gradúan, yo estoy atrás, en el centro

Muchas cosas hacíamos durante los 4 años que duró la carrera (2001 – 2005) y cada que pienso en aquellos años me entra una gran nostalgia, es irónico que algo que en su inicio odié se haya convertido en lo que considero, hasta ahora, la mejor época de mi vida. Claro que pudo ser mejor pues mi mejor amigo, Luis, no estaba presente en la escuela (aunque de todos modos llegaba de visita de vez en cuando a Saltillo) y no podía comprar juegos en estreno ni consolas, pero de todos modos lo importante se cumplía, me divertía al mismo tiempo que sacaba buenas calificaciones.

Debo admitirlo, mi papá tenía razón cuando decía que disfrutara la época de estudiante pues la iba a extrañar cuando terminara, y como todo joven no le creí, daba por hecho lo que tenía en la escuela y ansiaba que terminara para pasar a otras cosas, pero aquí estoy, 8 años después del fin de mis tiempos de estudiante, tras 7 años de duro trabajo en un periódico al que renuncié hace pocos meses porque no me gustaba lo que hacía, tratando de descifrar lo que debe ser de mi vida al mismo tiempo que busco esa energía que llegué a tener durante mis tiempos de escuela, esforzándome por retomar los sueños que me llevaron a estudiar esa carrera y encontrándome con situaciones y dificultades que no son tan divertidas como las que enfrenté en aquellos años.

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Nuestra graduación, no, ninguna de esas chavas era cita de ninguno de nosotros.

El grupo también se separó, la mitad se han casado y cada quien ha tomado rumbos distintos, a los amigos más cercanos en esos años no los veo y sólo sigo viendo a uno del grupo, con quien siempre me pongo a recordar aquellos años en que los 8 jugábamos futbol y emprendíamos nuestras ideas y proyectos, aún tratamos de reunir al grupo de vez en cuando, generalmente sin éxito. Las tardes de futbol ya son un recuerdo distante, las piernas no reaccionan igual y la Coca Vainilla ya no existe (vuelveeee!!!!), sin embargo sigo pensando en esos años, en especial ahora que enfrento un futuro incierto al haber dejado mi trabajo, y quizá retomando algo de aquellos años pueda encaminar mi vida hacia el rumbo que originalmente quería.

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  • ArTe-mio G R S
    Mi estimado Jurgen, muy buen articulo, me gustó mucho, en general siempre me gustan los artìculos en los que recuerdas cosas así. Me identifique mucho con lo que mencionas, a mi también ya me paso, a 5 años de haber dejado la uni, me encuentro en una situación muy similar, meditando sobre la vida y todo luce incierto por lo pronto, me gusta pensar que en un momento tarde que temprano todo se aclarará y que el bien triunfa al final como muchas de las historias de nuestros héroes favoritos. Sobre tu anterior trabajo te felicito también requiere valor para dejar un trabajo, cuantas personas no se la pasan quejandose de su chamba por años sin hacer nada??, es el primer paso a un cambio verdadero, y espero que encuentres lo que estas buscando.

    Saludos

  • Carlos Martínez
    ‘Albureaba a mis amigos’, si Jurg, Nosotros te albureabamos a tí