Crecer en Monterrey tiene algo especial, algo que sólo aquellos que hemos dejado nuestra ciudad natal podemos apreciar. Desde que me fui de Monterrey he notado cómo hay cosas que faltan en otros lugares, entre esas los cerros.

Monterrey tiene una particularidad, está rodeada de cerros, y no sólo hablo del más famoso, el de La Silla, hay decenas de cerros por donde quiera que mires y la distancia que hay entre la ciudad y ellos no es muy grande, de ese modo Regiomonte tiene una extraña mezcla entre urbanización y vegetación.

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Aunque mis primeros cinco años de vida los pasé en el Centro de Monterrey, mi verdadera época de infancia la pasé al sur, en una linda colonia llamada Villa las Fuentes, que casualmente está situada a las faldas del Cerro de la Silla y a no mucha distancia de la Sierra Madre Oriental, lo que le da a la zona un aire montañés.

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Haber crecido a la sombra del Cerro de la Silla tenía sus contras pero no se comparaban con sus pros. Entre los contras estaba que, al menos en aquellos años, la zona se encontraba prácticamente a las afueras de la ciudad de Monterrey por lo que la “civilización” estaba un poco retirada. Por otro lado el estar situado justo sobre dicho cerro daba un enorme acercamiento con diferentes especies animales, especialmente insectos y arácnidos, que dejaron mi infancia en una especie de punto intermedio entre citadino y campirano.

Pero nada de eso era lo peor, lo verdaderamente malo es que la tecnología televisiva de finales de los 80´s e inicios de los 90´s era tan mala que la señal del canal favorito de los niños, Canal 6 (así le decíamos a Canal 5 en Monterrey pues era el canal local donde lo encontrábamos) no era visible gracias a la interferencia del cerro por lo que pasé gran parte de mi infancia sin acceso a la barra televisiva de dicho canal, razón por la que rogaba a mi papá me llevara al centro, a casa de mi abuelita (donde viví esos primeros cinco años) para ver Canal 6 en su tv blanco y negro.

Casa donde viví mis primeros seis años.

Casa donde viví mis primeros seis años.

Pese a esos aspectos negativos vivir en esa ubicación tenía perks muy interesantes. En primer lugar tener al cerro siempre a mis espaldas me daba una sensación de privacidad, de fortaleza. Debido a que el camino hacia el cerro es, obviamente, de subida, no había avenidas más allá de la principal (Garza Sada) para ingresar, no había una salida trasera, no había tráfico a nuestras espaldas. Ese efecto causaba que sintiera como si viviera en una especie de villa fortificada, como si estuviera protegido de los peligros y el ruido del tráfico (al haber pasado bastante tiempo en el centro de Monterrey vaya que conocía el ruido del tráfico).

Al estar en cierto modo aislados de avenidas, ese hecho le daba a los perros y gatos de la colonia una relativa seguridad para estar sueltos en las calles (cosa que actualmente no apruebo pues aún así están en riesgo pero definitivamente estaban mejor protegidos que un perro en medio de la ciudad). Los perros y gatos vagaban libremente por las calles y con el tiempo eran conocidos de todos. Los vecinos les daban de comer o los protegían aunque siempre había alguno que era agresivo, incluso una perra en celo mató a una perrita que tuve cuando era niño (aunque nosotros también hicimos mal en dejarla estar en la calle).

Pese a que los contactos con cucarachas, grillos, chapulines, alacranes, arañas, tarántulas, víboras e incluso murciélagos era frecuente, de algún modo podías acostumbrarte. En los 15 años que pasé ahí nunca fui mordido por algún animal y aunque siempre existía algún leve temor de encontrarte con alguno (especialmente alacranes) nunca supe de nada serio a causa de la fauna local.

Otro aspecto importante era la localidad, aquella colonia donde crecí contaba con un lindo río (generalmente casi seco) que teníamos que cruzar mediante un puente, mi familia vivía algunas cuadras tras ese río, en el segundo sector de la colonia, todavía con más privacidad gracias a que sólo existían dos accesos cercanos para esa zona. La presencia de un río junto a la cercanía con la naturaleza le daban un toque místico a Villa las Fuentes y las colonias aledañas, colonias que, al estar pegadas a la mía, realmente se sentían como parte de la misma pues no había ninguna separación obvia.

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Villa las Fuentes (al menos en mi percepción), se componía de dicha colonia, de Cortijo del Río y de Lagos del Bosque, así como una colonia un poco marginal llamada San Ángel que era el terror de los niños pues de ahí salían las pandillas, siempre se rumoró que algunos asaltantes se escondían bajo el puente del río y asaltaban a quienes pasaran caminando, yo pasé por ahí muchísimas veces y nunca me pasó nada, sin embargo alguna ocasión unos amigos y yo queríamos jugar basquetball y la cancha más cercana estaba en el río, frente a San Ángel, tras menos de cinco minutos ahí nos sentimos incómodos y decidimos caminar hasta una mucho más bonita en Cortijo del Río, pero una pandilla nos vio y nos siguió todo el camino… afortunadamente no pasó nada más que el hecho de seguirnos.

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Garza Sada era la única vía de acceso a la colonia y frente a ella, opuesta al Cerro de la Silla (y a Villa las Fuentes) se encontraba la colonia Ciudad Satélite, una colonia ubicada sobre la Sierra Madre, muy bonita y de características similares a donde yo vivía. Era en esa colonia donde estaba ubicada mi escuela primara, Daniel Urencio Ramírez.

Todas mis mañanas durante seis años transcurrieron en la primaria sobre la Sierra Madre. Los mismos factores aplicables a mi casa estaban presente ahí: construcciones en “subiditas” mucho contacto con la naturaleza (mi escuela era punto de migración de la mariposa monarca) y desniveles.

Desniveles, creo que esa es la clave del diseño en esa zona de Monterrey. Tanto bajo el Cerro de la Silla como bajo la Sierra Madre Oriental el hecho de que el piso esté de subida (o bajada, depende a donde vayas) forzaba a que las construcciones tuvieran varios niveles, muchas escaleras, muchos pozos. También hacía que el diseño de las colonias y las calles no fuera cuadrado sino que utilizaba cuantiosas curvas, glorietas y se esquinaba siembre, esos son aspectos visuales que me gustan bastante.

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En la primaria (que estaba en una parte elevada) teníamos de frente al Cerro de la Silla, eso nos hacía platicar de muchos mitos y leyendas de la zona (totalmente falsos por supuesto). El más famoso era el “Hombre Pájaro”, un ser que se decía vivía en lo alto del Cerro, algunos decían que era un mutante, otros decían… que no. Aquellos niños que se sentían sabios pensaban que se trataba de un cóndor (muy lejos de casa), otros decíamos que era un pterodáctilo que había sobrevivido a la extinción (por 65 millones de años…). La realidad es que sólo era un cuento entre niños pero era divertido sentarse a la hora del recreo mirando al cerro y platicar de esas cosas, muchas veces incluso los bullys se unían a platicar también.

Otro factor muy agradable de la zona era que el tener tan cerca esas colinas nos daba bastante sombra a horas tempranas, si bien Monterrey es una ciudad muy calurosa el contar con la sombra del Cerro de la Silla a las 6 pm (antes de la existencia del horario de verano) permitía salir a jugar con bastante luz de día pero sin soportar el horrible Sol. También la sierra tapaba los rayos de Sol temprano en la mañana por lo que pocas veces te daba directo a la cara.

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Toda esa zona se encuentra camino a la Carretera Nacional. una zona silvestre donde podías ir a conocer aún más a fondo a la naturaleza. Ahí se encontraba, apenas a 30 minutos de distancia, el Club Deportivo Cañón de la Sierra, lugar en que mi papá inscribió a la familia y acostumbrábamos a ir a nadar (cosa que nunca me gustó), a jugar varios deportes, a escalar una pequeña vereda y asar carne en la noche. Pese a que en aquellos años era un pasatiempo que no me gustaba, hoy lo extraño muchísimo.

Crecer ahí nos brindó muchos conocidos aunque personalmente pocas amistades. Mi mejor amigo, Luis, vivió ahí un corto tiempo (a la entrada de la colonia), ambos estábamos en primero de primaria en la Daniel Urencio y nos juntábamos a jugar Atari 2600. También tuve a un amigo (amigo por corto tiempo) a sólo unas cuadras e incluso algunos tíos vivían en la misma zona. Mi primo Oscar, con quien me junté mucho durante mi infancia, vivía a algunas cuadras hacia arriba (me la pasaba en su casa, en especial cuando su mamá puso un videoclub), y un grupo de tíos vivían en Lagos del Bosque, no tan cerca como para ir a pie pero no había necesidad de ir a avenidas para llegar a ellos.

Aquí, al fondo, vivía Luis

Aquí, al fondo, vivía Luis

Recientemente regresé a terminar unos estudios en Monterrey los cuales son los sábados. Todos los viernes voy de vuelta a mi ciudad, a mi colonia y me quedo en casa de mi tía (quien vive a una cuadra de donde yo viví) por lo que he estado volviendo mucho a mi colonia. Hoy ya está un poco cambiada, pusieron un enorme centro comercial donde antes había un único Oxxo a la entrada de la colonia, la avenida principal se ha convertido en un centro de taquerías y puestos de comida y el tráfico es enorme. La antes campirana carretera nacional ya no se diferencia de Garza Sada y la sensación de vivir a las afueras de Monterrey está casi desaparecida.

Sin embargo el Cerro de la Silla y la Sierra Madre Oriental siguen ahí, la sensación de fortaleza no ha desaparecido por completo, la naturaleza, aunque asediada, sigue siendo mucho más cercana que lo que encuentro donde vivo actualmente y tengo algo en claro, es mi misión de vida volver a vivir ahí algún día, y eso es algo que no creo sea tan difícil de lograr.

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Volveré a vivir en el Sur de Monterrey.

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  • blues
    no sera que solo te pego fuerte la nostalgia?
    • Yo siempre soy nostálgico, de hecho todo Nerdcast es una oda a la nostalgia
  • Arawn Auditore
    El Hombre Pajaro hahaha, en mi escuela en los 90’s se contaban las mismas historias y teorias, solo que su hogar era el cerro de las mitras (el cerro mas cercano a mi escula al poniente de la ciudad)… Nada como haber crecido en monterrey.
  • Amen hermano! Yo soy regio y la verdad cada que leo tus columnas me llevas de regreso a la decada de mi infancia; los 90’s.

    Conozco poco del sur de monterrey (pero si he entrado a esa colonia) ya que casi, casi creci en Guadalupe y la sensacion de nostalgia que transmites por ese lugar me recuerda mucho a donde vivi con mi abuela, que es por Contry Gpe; y si, justamente a faldas del cerro de la silla.

    La emocion y recuerdos de aquellos viejos dias de mi niñez, de cuando en verano me la pasaba casi todo el dia en el rio la silla con mis amigos y primos, algunos de ellos ya no se encuentran con nosotros por culpa de la maldita violencia que azotó a nuestra ciudad hace algunos años, hacen casi llorar la verdad.

    Tambien casi lloro por como esta actualmente el rio la silla, hace 20 años, en 1995 ese rio reverdecia de vida, arboles enormes, agua cristalina, podias encontrar langostinos, mojarras grandes, tortugas, ranas y hoy en dia, esta casi tan muerto como el santa catarina, es una gran lastima.

    Lo que me dio risa fue lo del hombre pajaro jaja, antes habia una tradicion familiar en el que todos los domingos nos ibamos rumbo a la presa la boca, y era costumbre acampar detras de la llamada “cortina”, y bueno; por ahi existe una cueva, lugar que segun la leyenda habitaba el hombre pajaro… Y no solo eso, sino que ademas se decia que dentro de esa cueva, pancho villa habia ocultado su mas grande tesoro, si lo se, suena medio chusco, pero asi eran las leyendas regias jeje.

    No evitamos que en un par de ocasiones la subieramos para ver si era real eso 😛

    Ya me alargue jeje, buen articulo Jurgen, me habia despegado un poco de esto pero espero estar regresando mas seguido.

    Saludos y exitos!

  • Jorge Quiroga
    Había leido con anterioridad en tu página, muy buena por cierto!

    Pero te quería comentar que leí tu artículo sobre el Cerro de la Silla y la colonía Villa Las Fuentes.

    Yo vivo en Villa las Fuentes, llevo viviendo8 años en esta casa… y anteriormente pasé mi infancia en una casita en Cortijo del Río.

    Así que siempre he vivido bajo los brazos del Cerro de la Silla, y concuerdo totalmente con lo que dices… Esa sensación de protección no en muchos otros lados la encuentras!

    Yo trabajo en Apodaca y puedo decirte que en Apodaca me siento un tanto expuesto, no hay cerros alrededor! Cuando llego a casa me siento muy agusto, en gran parte por el cerro que me cuida.

    Bueno, sólo te quería comentar que tienes un vecino aquí en Villa 😛

    Saludos y sigue con tu gran página!