Un día como hoy hace 79 años nació Carl Edward Sagan. Era astrónomo, astrofísico, cosmólogo y escritor. Publicó más de 600 artículos, cerca de dos decenas de libros y se dedicó a popularizar la ciencia y el pensamiento racional.

Meterse de lleno en su obra es de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Este hombre no era un santo ni un dios, ni el único científico que haya existido, ni la única persona que ha logrado cosas para la sociedad a través de su trabajo; pero la causa a la que decidió dedicar su vida es de lo más noble.

Era alguien que comunicaba su amor por la ciencia al mundo. Alguien que predicaba que no se perdiera el asombro por el mundo que se tiene en la infancia, pero que a la vez nos sugería tener un escepticismo bien funcional para combatir esos virus intelectuales que —aparentemente inofensivos— desembocan epidemias de retrogradismo y fanatismo.

Amar a la ciencia es como amar al arte o a cualquier otra parte de lo que es ser humano. Considero difícil que haya alguien que no recuerde, al menos en cierto grado, tener alguna  obsesión con alguna parte de su entorno. El padre de Sagan se manifestaba sorprendido ante su “habladuría sobre las estrellas y los dinosaurios”, algo en lo que yo y muchos de los que están leyendo esto se pueden sentir identificados.

Su serie de televisión, Cosmos: Un viaje personal, es por lejos lo mejor que se ha televisado o qué va, hasta puesto en una pantalla. A mí me tocó ver esta serie en DVD a los 12 años, en una etapa en la que mi opinión sobre algunas cuestiones profundas se tambaleaba entre la ciencia y el misticismo.

Y sin esa obra maestra que me introdujo a sus trabajos, yo simplemente no sería el mismo en este momento.

A veces se cree que el activismo en el que ayudas directamente a alguien es lo único útil para la sociedad. Si a mí me inspiró a descubrir e investigar cosas nuevas, y ser la personaque soy ahora, ¿se imaginan a cuantos futuros Teslas, Einsteins, Curies y Jobs pudo haber inspirado también, y el bien que pueden hacer en el mundo?

Sagan murió el 20 de diciembre de 1996. Se fue, bien sin esperanza de la vida después de la muerte, con toda la esperanza de que el ser humano lograra evitar la autodestrucción y algún día, viajar a las estrellas.

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