Mi poder mutante es curioso, tengo un sentido del olfato excepcionalmente bueno, algo que usualmente juega en contra cuando vives en un ambiente cargado de flatulencias. Sin embargo eso también hace que asocie muchos recuerdos a olores, aromas que se quedan grabados en mi mente durante años. Estos son los olores que yo asocio a la Navidad.

Canela

canela

Lógico, tenemos que empezar con comida. El olor a la canela no tiene por qué asociarse con la Navidad, sin embargo no sólo yo tiendo a ponerla en la misma caja pues es considerado como uno de los olores navideños por excelencia.

Esto lo puedes encontrar fácilmente en las tiendas, donde los aromatizantes con temática navideña son “Canela-Manzana”. En México la canela y la Navidad se unen en los tradicionales buñuelos, una golosina prehispánica que por alguna razón terminó por ser adoptada en la Navidad (herejía). Se trata de un dulce tapa arterias a base de harina, muchísima azúcar, canela, que le da su sabor y olor particular, y una cantidad de aceite que haría sonrojar a Roland McDonald.

buñuelos navideños

Aunque se trata de una golosina navideña tradicional, debo admitir que no la consumo mucho. A nivel personal el sabor de la canela la asocio a la Navidad por otro dulce, las hojarascas, una especie de galleta suave que mi mamá cocina durante estas temporadas. Similar a los buñuelos son unas golosinas llenas de azúcar y canela que son absolutamente deliciosas.

hojarascas

Si deseas probarlas… no podrás, pero hay unas muy similares que puedes comprar en cualquier Oxxo.

Cigarro

santa fumador

Cualquiera que pasa la Navidad en familia podrá asociar un olor muy desagradable con nostalgia y recuerdos de la infancia.

Algo característico de cualquier reunión familiar es que siempre, SIEMPRE, habrá algunos integrantes de la misma que fumen; un vicio bastante desagradable y molesto que normalmente llevaría a constantes conflictos.

Sin embargo durante la Navidad ese olor se convierte en algo característico, algo que es parte de la temporada. Intensificado por el frío, lo que hace que se cierren las ventanas, y por el suave olor a gas ardiendo del calentador, el aroma a cigarro, molesto en cualquier otra fecha, se convierte en uno de los olores navideños por excelencia.

cena navideña

Cabe aclarar que esta asociación a la temporada no cualquiera la podría tener pues influye mucho el provenir de una familia donde no se fuma. Así mi casa nunca olía a cigarro más que cuando había visita y generalmente sólo había visita en fechas importantes, siendo la Navidad una de ellas.

Recuerdo con cariño, nostalgia y bronquios cerrados (pues soy asmático) escuchar risas (o discusiones) en la planta baja mientras yo veía La Primera Navidad de Yogui en televisión y oler esa mezcla de pavo, gas quemado y cigarro y pensar: “sí, es Navidad”.

Pavo al horno

pavo al horno

Y hablando de pavo, un olor que seguro cualquiera asocia a esta temporada debe ser el del pavo horneándose (olor más intenso en la cocina claro está). Se trata de un aroma bastante agradable, salado, con un poco de alcohol gracias a que se le baña en vino blanco (al menos la preparación que se hace en mi casa).

Dependiendo las costumbres de cada familia el pavo se pondrá a hornear a una diferente hora. En mi casa eso era aproximadamente a las cuatro de la tarde, después de terminar de limpiar. Eso significa que el primer olor de comida del día era el proveniente del pavo (pues mi mamá no cocinaba ese día a causa de estar muy atareada). El olor del pavo rápidamente subía las escaleras y llegaba hasta mi recámara, donde estaba seguramente jugando videojuegos o viendo caricaturas navideñas.

Conforme pasaban las horas más olores se añadían al del pavo, todos provenientes de las guarniciones que la cena habría de llevar como olor a frijoles (somos mexicanos después de todo), a papa, a carne molina y, claro, a cigarro y gas quemado.

Revista nueva

puesto de revistas

Se necesita una persona con un sentido del olfato superior para detectar este olor y asociarlo a la Navidad. El olor al papel de una revista nueva es, para mí, característico de la temporada.

Dependiendo la suerte o el momento en que pude comprar mi revista de videojuegos del mes, era que el olor se mantenía o no para la temporada. Sin embargo no necesariamente debía oler el 24 sino que la revista que compraba durante diciembre se imprimía en mi mente gracias a su olor.

Diciembre es un mes de constantes idas a las tiendas lo que significaba un incremento de la posibilidad de comprar mi revista mensual. Debido a la cantidad de gente que te encontrabas en esos lugares en esas fechas eso hacía que tu mamá tardara más haciendo el “mandado”, por lo que ¿qué podía hacer un niño nerd para matar el tiempo? Pues me iba a la sección de revistas para buscar mi Club Nintendo del mes, hojeándola en el acto.

Tener una revista nueva en mis manos daba un olor especial, olor a tinta, a papel, a sueños de lo que quizá recibiría el próximo 25 de diciembre. Esa esperanza y fantasía de los juegos que estaban impresos en el papel daba mayor fuerza a la temporada pues muchos de ellos estaban listados en mi cartita a Santa Claus. Pasar las páginas de la revista y leer acerca de los juegos que tal vez tendría en algunos días hacía que la experiencia se solidificara en mi memoria, con el olor de las páginas nuevas cerca a mi rostro y rodeado por otras revistas que intensificaban ese aroma.

revistas de club nintendo

Aunque he comprado muchas revistas de videojuegos, la edición decembrina siempre es la más memorable para mí. La año 1 número 13 de Club Nintendo (Magical Quest), donde imaginaba que usaba a Dhalsim y evadía hadoukens deslizándome (quién se iba a imaginar que era el peor personaje), o imaginaba que vencía a mis amigos en Mario Kart pues conocía atajos que ellos no. La año 3 número 12 (Samurai Shodown para Gameboy), revista llena de análisis de juegos excelentes como Demons Crest, Jurassic Park 2, Sonic Blastman 2, quizá mi revista favorita de todo CN. O los especiales de guías de regalos de EGM en español, que con su humor característico aderezaban una época navideña en que yo ya no era un niño pero que, al hojearlas, me sentía nuevamente de 10 años, soñando con los juegos que encontraría bajo el árbol.

Plástico nuevo

juguetes de las tortugas ninja

Un olor que seguramente todos asociaremos con la felicidad y la Navidad debe ser el de plástico nuevo, simplemente porque la mayoría de los juguetes que recibíamos eran de plástico.

Sí, la emoción por ver esa caja envuelta en papel de colores era grande pero una vez que destrozabas esa envoltura quedaba una linda caja cubierta en celofán o un paquete blíster con un juguete visible, una tortuga ninja, un Dino Rider, un carrito, etc. Cuando destruías la caja (la emoción después de todo) lo primero que llegaba a tus sentidos era el olor a plástico nuevo, a un juguete limpio, nunca usado por nadie, brilloso, íntegro.

dino riders

Un olor que ese juguete perdería gradualmente en cada juego sucesivo, pero quedándose grabado en nuestra mente y reiniciándose en cada Navidad, con cada juguete nuevo.

Play-Doh

play doh

Como artista nato que soy (de las letras, del dibujo, un gran creativo, ahh que bárbaro) la escultura fue una de mis primeras pasiones. Desde muy niño recuerdo jugar con plastilina, hacer dinosaurios y armaduras para mis juguetes (arruinando así el plástico pues nunca se podía quitar pero… ¿qué podía hacer si no me compraban Caballeros del Zodíaco?). De la plastilina que se podía comprar la Play-Doh… no me gustaba, no se sentía tan firme, pero sí tenía un olor característico.

Uno de los regalos que recuero con más nostalgia es un juego de mesa llamado Fuga de Uvas. Recuerdo ver el comercial en Canal 5 en donde veíamos a unas ovas de plastilina tratar de escapar y ser masacradas, destazadas en el proceso, todo con una hermosa versión infantilizada de Funiculì, funiculà.

Ese juego, que era una reinvención de Rat Trap que nunca jugué, era un juego de tablero en que debías llevar unas uvas hacia la salida, cuidando de no caer en unas trampas que las destruían y les dejaban horrendas cicatrices. Esas uvas eran hechas con Play-Doh (incluido) y unos moldes. Jugar ese juego significaba jugar con Play-Doh y el olor inundaba la sala. Sacar la sustancia (morada claro está) de los clásicos botecitos, sentirla, amoldarla y claro, olerla, eso daba un significado a toda la mañana de Navidad, a todo el juego.

fuga de uvas

Yo realmente nunca jugaba con Play-Doh, era una plastilina muy cara en comparación con la que encontrabas en las papelerías, pero sólo llegué a usarla con Fufa de Uvas por lo que ese olor tan característico que quedó grabado en mi mente y asociado a la Navidad. De hecho el año pasado compré un bote de Play-Doh que guardo en mi recámara y que me gusta oler de vez en cuando para recordar la emoción que sentía en la Navidad.

Siempre que me siento triste o nostálgico algo que me ayuda mucho es retomar esos olores, ya sea que huela a cigarro en una reunión, que lea una revista nueva (aunque no sea de videojuegos) o el ya mencionado Play-Doh, el olor me lleva a una época muy feliz de mi vida y espero que a ustedes también.

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