La temporada navideña es una época en que todos nos ponemos nostálgicos por los recuerdos de las navidades pasadas, y la razón es que, si amamos esta fecha, es porque amamos lo que vivimos cuando esta temporada era lo mejor de nuestras vidas, en nuestra infancia cuando la ilusión de la Navidad era lo que nos motivava a seguir vivos por todo el año. Estos son algunos recuerdos de mi infancia decembrina.

Pocas cosas hay mejor que la Navidad, a lo largo de nuestras vidas se han conjugado uchas cosas muy buenas comprimidas durante diciembre: vacaciones, un clima agradable, reuniones con la familia, amigos, lanzamientos de los mejores videojuegos e incluso, hace no tanto, las películas de El Señor de los Anillos.

Recibiendo mi Super Nintendo

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Como muchos nerds de clase media, recibir una consola de videojuegos no era cosa común, siempre han sido caras por lo que la mayoría de nosotros sufrimos mucho para obtener una. Nuestras únicas oportunidades serían nuestro cumpleaños o la Navidad, en mi caso fue en Navidad que recibí mi consola.

Yo conocí los videojuegos alrededor de 1988 cuando conocí a Luis en primero de primaria, ahí él me comentó de una consola llamada Atari 2600, la primera vez que toqué un videojuego fue en su casa y jugamos varios juegos de Atari, claro que le rogué a mi papá por uno el cuál no recuerdo cuándo me lo compró (y por cierto aún conservo la consola, un Atari 2600 jr). Poco después me dijo que el Atari ya no era cool y que ahora la onda era el “Intendor”, que tiempo después resultó llamarse Nintendo. Nuevamente rogué por uno y mi abuelita me lo regaló un tiempo después, sin embargo su Red Light of Death me inpidió disfrutar plenamente de los videojuegos (y ahora se quejan del Xbox) por lo que realmente no videojugué mucho. No fue sino hasta 1992 que compré mi primer revista de Club Nintendo (año 1 número 12 portada de Death Valley Rally) que conocí el Snes y me obsesioné por tener uno. Un mes después, en Navidad, finalmente lo recibí.

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Fue un frío 25 de diciembre de 1992 y, como cada Navidad, mis hermanas y yo nos despertamos desde las 5 am para buscar nuestros regalos (si es que se le puede llamar despertarse a no dormir de la emoción y sólo esperar a que los invitados se vayan). Como siempre ha sido tradición, el pino de Navidad estaba en la sala y era ahí donde debíamos buscar los regalos. Nos escurrimos a oscuras y vimos las cajas envueltas y las tarjetas que decían: “Para … de Santa Clos”. Mi hermanas tenían más cajas con su nombre, yo sólo tenía 2, una de buen tamaño y otra más pequeña que una libreta Scribe de primara. Claro que abrí la caja más grande y…

¡No había desilusión, era un Super Nintendo! Ahí estaba mi consola con 2 controles y el cartucho de Super Mario World, apenas un mes antes deseaba con gran fuerza tenerla y no tuve que esperar mucho pues finalmente era mía, no creo haber gritado SUPER NINTENDO… OOOOUUUURRR!!!! pero sí me emocioné, aunque había algo raro, la consola estaba dentro de su caja pero no había hielo seco (o nieve seca si así la conoces), simplemente estaban ahí sueltos la consola, el juego, cables y controles. Claro, siendo yo un pequeño nerd noté ese detalle de inmediato pero: ¡Qué diablos!, era un Super Nintendo, no me iba a quejar si era usado (o quizá peor). Pocos minutos después recordé la otra cajita, la abrí y ahí estaba lo otro que había pedido… STREET FIGHTER 2… OUUURRR !!!!! El juego del momento, del que todos hablaban, y yo lo tenía ahí, en mi casa, aunque debo admitir que en un principio no le agarré el chiste y jugué más el Mario World aunque al pasar el tiempo descubrí la belleza de los juegos de pelea.

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Ha habido muchas buenas navidades en mi vida pero esa en que recibí mi Super Nintendo es la que más recuerdo, antes de esa consola no era tan videojugador, le había entrado duro con el Atari pero mi Nes que no funcionaba bien casi me había hecho retirarme de este pasatiempo, fue el Super Nintendo la consola que me convirtió en el nerd solitario y antisocial que ahora soy, un regalo que cambió mi vida y me guio por el camino de la nerdés, un camino que no he dejado (ni pienso hacerlo).

Viajes a Laredo

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No toda la magia de la Navidad la encontramos en la mañana del 25, gran parte del encanto lo encontramos desparramado alrededor de todo el mes y una de las viejas tradiciones (momentáneamente perdida) en mi familia era un viaje decembrino a Laredo, Texas.

Nosotros somos regiomontanos y Monterrey queda muy cerca de Estados Unidos, aproximadamente a 3 o 4 horas de camino para llegar a la frontera. No sólo íbamos en diciembre pero la fecha más inolvidable era esa. Para los regios hay 2 caminos, ir a Laredo o ir a McAllen, nosotros íbamos a Laredo por lo general. Originalmente mis papás nos compraban los regalos sin que lo supiéramos y tiempo después nos daban el dinero directamente para que nos compráramos lo que quisiéramos pero el concepto era el mismo: ir de tienda en tienda en los “moles” pensando por horas si era eso lo que queríamos o si deberíamos esperar a encontrarlo más barato en otra tienda. Eran días de largas caminatas y sólo una comida (para no gastar demasiado en eso) y la jornada empezaba desde las 4 am, cuando nos levantábamos súper temprano para tomar la carretera y llegar como a las 8 o 9 am, no era fácil pero era emocionante y para un niño era la razón de vivir.

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Todos teníamos nuestro itinerario, mi mamá se la pasaba en el “peilais”, así le decía al Pay Less, una tienda de zapatos donde podía pasar horas, mis hermanas solían estar con ella buscando zapatos o ropa y mi papá sólo se sentaba en una banca maldiciendo el día que decidió tener hijos que lo hagan gastar tanto (regios a fin de cuentas). ¿Yo?, dónde más podría estar si no en tiendas de videojuegos, buscaba cualquier lugar en el mall donde pudieran vender videojuegos y pensaba detenidamente en cuál debería llevarme. Generalmente lo compraba en la primer tienda en que entraba, dígase Kay-bee toys, ToysRus, o cualquiera de esaas otras tiendas con nombres raros. gastándome así todo mi dinero (50 dlls) y teniendo nada que hacer el resto del viaje, fue así como gasté un regalo de Navidad en Robocop 3 para Snes… y fue algo muy triste.

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Sin embargo no todo era ir de compras pues el ambiente de estar ahí bien valía la pena. En aquellos años había una gran diferencia en cuanto a la infraestructura que podíamos encontrar en Monterrey a comparación con Laredo, ni cerca estábamos por lo que era prácticamente otro mundo el estar caminando en un centro comercial totalmente decorado, con santacloses y gente disfrazada por ahí. Todo eso ayudaba mucho a poner ambiente. Claro, hablo de inicios de los 90s, hoy en día las tiendas en Mty son iguales a las que hay en Laredo y tienen el mismo tipo de decoración, pero en aquellos años la única forma de conocer algo así era levantándose a las 4 am y tomaando varias horas en la peligrosa carretera de un sólo carril hacia Laredo, pero bien valía arriesgar la vida. Por cierto, morimos en un accidente y todo esto lo escribo desde el más allá… ahh, ya se acabó el Halloween.

La anticipación del 24

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Si bien la Navidad es el 25 de diciembre, el verdadero festejo se hace durante el 24 pues todo ese día se dedica a finalizar cosas de último minuto para la cena, los regalos, las actividades, limpieza de la casa, etc. Ya sea que tu familia fuera la anfitriona o que lo pasaras con algunos parientes, desde temprana hora el 24 toda la casa se preparaba, ya sea para recibir o para salir.

Generalmente nosotros fuimos los anfitriones por lo que el 24 solía ser un día de limpiar la casa, acomodar los muebles y preparar lo que será la cena, porque aunque la preparación del pavo sea hasta tarde, el proceso de tener todo lo que lo acompaña es laborioso. Primeramente se necesita comprar lo que seguramente falta, y eso conlleva a ir a pelear a tiendas abarrotadas buscando un mísero sobre de almendras para el relleno o los refrescos que siempre se acaban (Monterrey es la ciudad donde más se bebe refresco en el mundo). Era un día muy atareado y mi mamá se ponía histérica, aún lo hace, pero antes to9da la carga recaía en ella pues los hijos éramos niños que poco podíamos hacer. Aún así tratábamos de ayudar… a veces.

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Lo mejor era que tener una fiesta en casa implicaba tener cantidades industriales de refresco y comida chatarra desde muy temprano así que, aunque no nos daban permiso, abríamos las bolsas de papas y fritos y las botellas de refresco y pasábamos toda la tarde comiendo mugrero y viendo especiales de Navidad por tv mientras mi madre estaba al borde del homicidio por no tener las cosas listas a tiempo.

Alguna ocasión pasamos la Navidad en casa de algún pariente y era básicamente lo mismo (aunque sin la confianza de agarrar lo que quisiéramos del refrigerador). Pasar la Navidad en otra casa tenía sus pros y sus contras. Era agradable tener algo de variedad pero, siendo niños, éramos muy ignorados y generalmente nos tocaba quedarnos viendo tv en alguna sala mientras el Tío Silvino nos regañaba por hacer mugrero (pero de todos modos se quedaba viendo la tele con nosotros).

Quizá el recuerdo más vivo que tengo de la cena de Noche Buena es aquel en que el pavo estaba echado a perder… es totalmente cierto. Resulta que mi papá compró el pavo en Gigante (una tienda que ya no existe pero que era muy importante antes de que llegara Walmart a Mty), y claro se preparó junto a todo lo que lo acompañaba, pero al probarlo algo estaba mal, tenía un sabor pútrido. Resultó estar echado a perder y fuimos a regresarlo al día siguiente, y no éramos los únicos pues muchas personas vieron su cena de Navidad arruinada a causa de un pavo descompuesto de Gigante. Aunque no sea un recuerdo agradable, tiene cierto valor nostálgico.

La Navidad hoy

Hoy en día la Navidad es bastante diferente de como era en mi infancia, por desgracia es diferente para mal. Ahora vivimos en Saltillo por lo que la gente con quienes pasamos la Navidad se ha visto reducida a… sólo la familia, mi tía y se acabó. Con la inseguridad que estamos viviendo no da confianza de ir a Laredo otra vez ni tampoco de ir a pasar la Navidad a Mty con el resto de la familia (dejar la casa sola no es una idea muy agradable). Ahora los hijos (mis 2 hermanas y yo), somos adultos y trabajamos, pero ese mismo trabajo nos impide (al menos a mí) el estar con la familia durante la tarde de noche buena o de Navidad ya que en mi trabajo no nos dan libre esos días. (nota: este artículo se escribió en 2012, cuando aún trabajaba… ya no más)

Quisiera que el espíritu de Navidad siguera como antes, y aún me encanta toda esta fecha y mantengo mis tradiciones de películas y algunas reuniones, pero es más por los recuerdos que por la realidad actual, ¿habrá muerto la Navidad?, ¿podré generar nuevos recuerdos que vea con nostalgia en 10 años? Esperemos que sí, y que empiece con esta próxima Navidad.

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