Nunca he sido muy afecto a las películas de Disney. Sí, lloré como todos con el Rey León (¡maldito Scar!),  y vi Toy Story 2 cerca de treinta veces (sin comentarios). Pero después de estar separado muchos años de Disney, volví a caer en sus garras debido a una mala mujer (valga la redundancia). Y no hablo de otra que no sea la joven Elsa, Reina de Arandelle, y sus alrededores.

De acuerdo, tal vez de niño (y no tanto) me gustaban las películas de Disney, y a quién no, todos fuimos jóvenes e inocentes. Pero llega el momento en que uno deja de ver a las princesas en peligro como meros personajes, y se da cuenta que son mujeres, con todos los atributos que deberían de tener (dejando de lado a Ariel…). Es en ese momento que uno deja de percibir las películas de Disney en la forma mágica e inocente en que solía hacerlo, y las ve como lo que son (al menos en principio) entretenimiento para niños, y uno pasa a cosas más “adultas” (verbigracia, Pulp Fiction).

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Sí, soy real…

Al menos así sucedió conmigo. Por muchos años me mantuve alejado de las películas de Disney. Pero llego el momento en que volví a caer en sus garras, y todo debido a esta reina de rubios cabello, de quien caí profundamente enamorado (amor platónico, no soy tan enfermo).

Y esta bella princesa (o reina, para ser más preciso) que me llevó de vuelta a las garras de esa maldita empresa multinacional que se adueña de todo aquello que marcó mi infancia (más tarde o temprano comprará los derechos de Dragon Ball, estoy seguro), no pudo ser otra que la princesa cuyas preferencias sexuales han estado en entredicho desde que apareció por primera vez en una pantalla de cine (los tráilers no cuentan).

Y no sólo eso...

¿Con esa boquita comes?

Y aclaro que no soy de esos conspiranoicos que hablan de mensajes ocultos en las películas de Disney (que los hay) con los cuales quieren controlarnos e instaurar el Novus ordo seclorum (o como carajos se escriba).

—Vade Retro, Satanás —Soy ateo…

En lo personal, cuando de mujeres animadas se trata, prefiero las pelirrojas (Ariel, Asuka, Mary Jane Watson versión de los 90), pero no por ello le hago el feo a las rubias.

¿Desde cuándo Milo Manara dibuja para Disney?

Y es que no sé si fue ese peinado tan peculiar (no lo fue), o esa sombra en los ojos (o como sea que se llame), esa boquita tan perfecta, o el vestido tan entallado, o la posibilidad de juntarse con otra mujer (preferentemente su hermana) y terminar haciendo un… bueno, ustedes ya entienden.

¿Saben lo que es un ménage à trois?

Pero dejando de eso de lado, también me gustó su personalidad, fuerte y sensible a la vez, capaz de decirle a su propia hermana que se largara sino le gustaba “su forma de vida” (guiño, guiño).

All hail the queen…

Y es que incluso su versión humana (oficial, no cosplayers) interpretada por Georgina Haig para la serie Once Upon a Time (esa que protagoniza la doctora que salía en Dr. House) tampoco está nada mal, y para muestra un botón.

Entonces… ¿Sí saben?

Y por supuesto, esa maldita canción interpretada magistralmente por Carmen Sarahí en el doblaje mexicano de la película, una de las pocas cosas buenas que han salido de La Voz México, en alguna de sus tantas ediciones, canción que tardé varios meses en sacarme de la cabeza. Sí, yo también grité Libre Soy a la nada, y qué.

Es por eso, y por todo lo demás (que no sé qué sea) que Elsa se convirtió en un amor platónico un poco tardío, y que hasta la fecha, aún tiene un lugar especial en mi corazón (que no se entere mi novia), y que al menos en mi concepto, dejando de lado a Ariel por supuesto, es la princesa de Disney más sexy que ha existido.

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