Me equivoqué sobre Ground Zeroes.

Así es como debo iniciar la reseña de este juego. Mucho se esperaba del último juego de Metal Gear que sería dirigido por Kojima… eso si es que esta vez sí lo cumple pues lo ha venido diciendo desde el primero. Los trailers nos emocionaron a todos y nos hicieron pensar que recibiríamos la historia épica de Big Boss, un personaje a quien todos aprendimos a admirar aún más que al propio Solid Snake, convirtiéndose, de muchas formas, en el Darth Vader de la serie, en el personaje icónico que se lleva la trama y que oscurece por completo al protagonista oficial.

The Phantom Pain es un juego que no tiene ni pies ni cabeza, en donde Hideo Kojima realmente no supo qué dirección tomar y que finalmente terminó haciendo un revoltijo de ideas que no se mezclaron nada bien, en donde cometió una cantidad infame de errores que sólo me hicieron pensar “¿Por qué Kojima hizo esto de este modo?”

Personajes que no son como eran antes, como Ocelot, quien perdió toda su esencia y personalidad para convertirse en un personaje genérico y sin carisma. Una historia superflua y desperdigada alrededor de misiones innecesarias, enemigos aburridos e incluso un sonido sin alma, son todos componentes que antes no existían en la serie Metal Gear y que ahora están por todos lados.

Ocelot

Y es que si algo tenía Metal Gear era su alma, su estilo, una esencia que te permitía identificar que estabas ante un juego de Metal Gear en el que sus personajes, música, historia y diálogos te indicaban totalmente que estabas ante un trabajo excepcional. ¿Qué pasó?

Empecemos por lo más importante en la serie Metal Gear Solid, la historia. Un aspecto que, si bien siempre fue bastante extravagante y a veces hasta ridículo, había sido bien cuidado e interesante. Sin tratarse de una obra literaria sublime, Kojima había logrado armar historias entretenidas que te mantenían jugando para ver qué pasaba, para alcanzar el próximo cinema, para saber qué sería de los personajes que estabas conociendo en el juego. Desde el giro magistral en que las tarjetas de Metal Gear Solid activaron a Rex, la traición de Ocelot en Sons of Liberty, el genial desarrollo de Ocelot en Snake Eater y la sorpresa al final de Guns of the Patriots, Kojima había logrado dotar sus obras de algo que las hacía especiales, diferentes de otros juegos.

Eso no está presente en The Phantom Pain, un juego en donde la historia toma un papel secundario, donde los cinemas parecen más bien comerciales, donde el villano está ausente casi todo el tiempo y cuya motivación termina sin quedar muy clara. La historia de la caída de Big Boss y su transformación en un hombre malvado no existe en este juego.

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Quizá lo más doloroso sea tanto potencial desperdiciado en este aspecto. La serie nos había dado tantos indicios del pasado de Big Boss en los otros juegos. ¿Por qué no los usaron? ¿Dónde está Gray Fox? Quien fuera el mejor integrante de Fox Hound, único en acceder al apodo representativo del escuadrón, el brazo derecho de Big Boss (el verdadero). Con Gray Fox hubiéramos tenido el arco de la familia de Naomi. Si hay algo que le hizo falta al juego es más historia, pudimos tenerla, no había razón para ignorarlo pues sólo sería diez años más joven aquí que lo que era en el primer juego. ¿Qué paso con Sniper Wolf? Ella nos dice en Metal Gear Solid que fue Big Boss quien la salvó, que prácticamente se enamoró de él. ¿Por qué no incluirla? Pudo ser una francotiradora excepcional aún si en el juego fuera apenas una niña, hubiera tenido un mejor papel que Quiet quien no hizo nada por el juego. ¿Por qué no incluir a Sergei Gurlukovich si estábamos enfrentando rusos? Pudimos tener situaciones interesantes entre él y Ocelot que nos hubieran contado más acerca de Sergei y que hubieran dado soporte al pobre Ocelot, tan mal implementado aquí.

Simplemente la historia no tenía sentido, peor aún, no tenía calidad. Una historia sin sentido podría ser buena pero esta no lo era. Las misiones de trama no la hacían avanzar y se repartían entre rescatar a algún personaje que finalmente sólo te daba un pedazo de información vía texto o destruir unos tanques para disminuir un ataque… uno que nunca llegó.

Y los personajes, ¿qué les pasó? Un Ocelot irreconocible que perdió todas sus características, un Big Boss que apenas y habla, que pareciera tener un retraso mental y no comprender nada de lo que ocurre, un Liquid niño que no tiene razón de existir pues  tampoco abre la boca, peor aún su historia está totalmente desligada de la que estamos jugando. Quiet, quien, bueno, tampoco dice nada aunque al menos ella tiene razón de hacerlo. Un villano a quien nunca vez, que sí, tenía potencial pero que se le desaprovechó.

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Piensa un momento en las mejores situaciones en los juegos pasados. ¿Ya? Seguro pensaste en varias cosas pero las batallas contra los jefes pasaron por tu cabeza. Ocelot, Psycho Mantis, Sniper Wolf, Gray Fox, el Rex y Liquid en el primer juego. Olga, Vamp, Fortune, Ray y Solidus en el segundo. Ocelot, The End, Volgin y The Boss en el tercero y al menos la pelea entre Rex y Ray en el cuarto. La serie tenía algo que la destacaba, sus jefes, interesantes, con personalidad y con enfrentamientos que no ibas a olvidar. Bueno pues… olvídalos, no hay jefes aquí. Un par de enfrentamientos muy frustrantes contra Sahelantropus, una batalla opcional contra Quiet, menos intensa que la que años atrás tuvimos contra The End, y… ya. No peleas contra Skull Face, de hecho el tipo no tiene un equipo, sí, tiene el Skull Patrol pero son monigotes sin vida, genéricos y sin identidad. Hay una batalla de snipers interesante contra un grupo de ellos y una pelea campal contra varios pero de ahí no pasa.

Incluso el departamento de audio fracasó, no suena como Metal Gear. Los deliciosos arreglos musicales que reconoces como parte de la serie quedaron olvidados y en su lugar agregaron música común, la que llevas años escuchando en la radio. Te guste o no David Bowie, eso no es Metal Gear.

Y vaya que es repetitivo. Pasarás horas recorriendo parajes desiertos, sin nada con qué interactuar, sólo para llegar a tu misión. Y es que para ir a las misiones lo haces en helicóptero, quizá quisieron ser muy realistas pero te dejan siempre lejos de tu objetivo y debes correr para llegar a tu destino, casi siempre sin encontrarte con algo interesante. Antes y después de cada misión estarás forzado a ver el mismo cinema de Big Boss, estúpidamente viendo a la nada, como pasajero del autobús, en lo que toca tierra y le espera otro traslado aburrido a pie o en vehículos que son tan rápidos como tú corriendo.

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La jugabilidad es buena, cuando te topas con enemigos o debes infiltrarte en un campamento realmente se pone divertido. Big Boss se controla mejor que nunca y todo es intuitivo. Disparar, hacer CQC, evadir, esconderte. Todo está bien logrado, pero después de que te das cuenta que estarás invadiendo los mismos campamentos una y otra vez pierde lo divertido. Las misiones principales y secundarias te llevan varias veces a lugares en los que ya estuviste y termina por ser monótono. Añádele el viaje en helicóptero y después a pie y verás que quedó mal.

Y es que este juego quedó muy abierto, no tiene muchas escenas de interiores, no hay bases militares con tecnología extraña que debas enfrentar. Todo es muy básico aquí, muy repetitivo. Aldeas desérticas, sin muebles, sin civiles. Todo lo que ves son enemigos. Comparándolo con otros juegos de mundo abierto actuales esto es muestra de poca habilidad en la creación del juego.

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Aunque al momento de combatir o infiltrarte sí hay diversión, las misiones se resumen a destruir, matar o extraer a alguien o algo, y como al extraer cuenta como muerte y destrucción entonces todas las misiones son realmente de ve y extrae esto. En cada misión tendrás además una lista de objetivos secundarios pero estos no serán visibles hasta que termines la escena, por lo que te verás forzado a recorrer cada misión principal al menos dos veces si quieres obtenerlo todo, y conforme avance el juego tendrás que volver una vez más.

Y es que el juego está incompleto. Después de un Acto 1 que decepciona te topas con un Acto 2 peor, en donde deberás volver a completar las MISMAS misiones que ya habías pasado antes, sólo que ahora en hard… sí, eso es todo. Sólo así obtendrás acceso a otros pocos cinemas y al verdadero final con el decepcionante giro. Y al igual que su giro pasa con el juego, esto no es Metal Gear.

Konami no falló aquí, el juego tiene valores de producción triple A, excelentes gráficos, buenas actuaciones de voz, con Jack Bauer incluido, buena publicidad. No, quien falló esta vez fue Kojima. La historia no tiene dirección, los diálogos son ridículos, los personajes son una sombra de lo que alguna vez fueron, los escenarios vacíos y aburridos, el sistema de juego es repetitivo, incluso tiene zombies maldita sea, zombies en un juego de Metal Gear. Sentí como si viera la película del Angry Video Game Nerd otra vez, donde simplemente James mezcló todo lo que le gustaba sin pensar si cabía en su historia. James es amateur y se le perdona, pero Kojima… esos son errores de estudiante.

Pese a todo el juego no es malo, hay diversión aquí, se juega bien, se ve bien. Es sólo que a Metal Gear se le mide con más severidad, se le espera más. Si fuera un juego genérico sería hasta destacable, una gran sorpresa, pero en la serie Metal Gear se esperan ciertos elementos que la identifican, cierto tipo de personajes, cierto desarrollo, una historia al menos interesante. Nada de eso está presente aquí.

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Aunque no puedo decir que me aburrió, sí me decepcionó. Lo compré el día 1 y no estuvo a mis expectativas, incluso me cansé de jugarlo, me negué a rehacer las mismas misiones en el Acto 2 y vi el final en YouTube, y eso es porque el juego simplemente quedó muy mal. Konami hizo bien en despedir a Kojima, lo que sea que tuviera de calidad ya se le acabó.

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